Como diseñador y emprendedor, tiendo a tener que elegir entre ser un perfeccionista o ser la persona más productiva. Crear un producto perfecto o crearlo lo más rápido posible.

A todos nos ha pasado. Pensamos: quiero crear el mejor diseño o producto pero terminas preguntándote el porqué no llegas a acabar nunca y cómo has invertido tanto tiempo sin darte cuenta.

Al principio de mi carrera como diseñador, intentaba conseguir el diseño perfecto y la ejecución perfecta. Prefería retrasar un deadline si no estaban todos los píxeles perfectos que tener que entregar algo que no cumplía con mis estándares.

Me enfadaba cuando veía a otros diseñadores entregando diseños con fallos, aunque para no-diseñadores fueran detalles invisibles. Lo tachaba de mediocridad.

Con los años aprendí. Que como perfeccionista, lo único que haces es ser el menos eficiente. Y a nadie le gusta ser la razón por la que un equipo retrasa una entrega.

Cuanto más tiempo inviertes en una cosa, más importancia para ti coge. Y más alimenta a ese perfeccionista. Es un catalizador.

La realidad es muy distinta, su valor no es el tiempo invertido, sino la percepción que tiene el cliente del trabajo. Si el producto es bueno y ha cumplido los plazos de entrega, el cliente lo adorará.

Lo único que puede romper con este círculo vicioso, es atarse a un deadline. Respetar esa fecha de entrega sobre todas las cosas.

Ponte un deadline. Y respétalo. Intenta dar lo mejor de ti en ese diseño. Pero cuando suene el reloj, suelta el ratón.

Disfruta de ese momento. Has terminado. Completado tu cometido. Ahora descansa, o no, empieza una nueva tarea. Pero olvídate de la anterior.

Notarás como te envuelve una sensación de satisfacción por haber cumplido. Estás progresando. Moviéndote hacia adelante. Ya no hay atasco.

Esto no significa entregar trabajos inacabados. Sino, saber cuando acaban y dejar de darle vueltas. Dejar de iterar y hacer cambios que no van a aportar más.

Si no sabes encontrar ese momento en que has acabado, desconéctate de tus emociones y piensa con lógica. ¿El diseño funciona? ¿Cumple con su cometido? Entonces, has acabado.

Recuerda que trabajas en crear un producto, no en demostrar cuanto tiempo y esfuerzo has invertido.

Si el proyecto es demasiado grande como para poner una fecha límite realista, divídelo en partes más pequeñas y pone fechas a cada parte. No pienses en la siguiente parte hasta que hayas acabado la anterior.

Se duro contigo mismo. Se tu peor jefe. Ese que está a tu lado y mira el reloj constantemente.

Cuando pase el tiempo, habrás conseguido crear una rutina. Un sistema de trabajo que te facilitará mucho la vida. Y que te convertirá en una persona mucho más productiva.

Leave A Comment

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *